¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es… ¡un dron!, y lo mismo te realiza una fotografía aérea, que te hace un estudio del terreno, se encarga de las labores de control y vigilancia o llega a las zonas más inaccesibles para rematarte una obra. Este nuevo “superpoder” tecnológico ya está siendo utilizado en el sector de la edificación y, en breve, veremos a los drones ayudarnos en las más diversas tareas.

Cada vez nos es más habitual contemplar en los cielos de nuestros campos y ciudades estos curiosos aparatos, que iniciaron su ascenso con una intención netamente lúdica y se han ido desarrollando con una rapidez inusitada hasta alcanzar un grado de sofisticación impensable hace tan solo unos años. En nuestro imaginario colectivo no nos resultaría nada extraño que en cualquier momento nos apareciese un dron en la puerta de nuestra casa para dejarnos un paquete o entregarnos un pedido de comida por encargo. Sin embargo, su empleo, en la realidad, está yendo mucho más allá. Y es, sin duda, la construcción uno de los sectores donde más puede apreciarse.

Desde la fase inicial de un proyecto hasta su finalización y mantenimiento, pasando por el desarrollo y seguimiento de las distintas etapas de la edificación, los drones se han convertido en una herramienta indispensable que no solo reduce costes y tiempo, sino que facilita también la logística y seguridad en el trabajo, a la vez que mejora la productividad. Su correcta utilización, combinada con tecnologías como BIM (Building Information Modeling) y las nuevas herramientas en fotogrametría y mapeo 3D, hacen de ellos algo más que un simple capricho.

Por otro lado, no hay que dejar pasar por alto la trascendencia que este sistema aeronáutico está demostrando en la detección del fraude inmobiliario en España. Construcciones no declaradas en el catastro, ampliaciones, reformas, piscinas ilegales, etcétera lo tienen ahora mucho más complicado para permanecer ocultas a los ojos de Hacienda. Desde 2013, a las inspecciones que ya se realizaban por medio de sistemas de localización por satélite, hay que añadir este otro método de gran versatilidad y eficacia, que mejora también en la calidad de las imágenes y resulta, en la mayoría de los casos, mucho más económico. Más de 3 millones de edificaciones sin los permisos adecuados han sido descubiertas desde entonces, lo que supone un 4% de media sobre los 77 millones de propiedades examinadas.

Pero, como en todo, el empleo de esta tecnología aérea comporta también sus inconvenientes. A nadie se le escapa el peligro que puede conllevar el uso imprudente de estas pequeñas aeronaves–no solo en la construcción–, y la necesidad, para evitarlo, de establecer unos requisitos legales adecuados, que han pasado, en algunos países, de una preocupante indefinición a una normativa que algunos consideran excesivamente burocratizada y restrictiva. Sin entrar a defender o enmendar ninguno de estos marcos regulatorios, sí queremos desde aquí hacer hincapié en la necesidad de anteponer la seguridad por encima de todas las demás circunstancias.

Ya saben, más vale prevenir…

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