Seguro que alguna vez, cuando eras niño, has jugado a patinar en el hielo que se formaba en los charcos del suelo producto del frío y del agua de lluvia acumulada y mal drenada. ¡Era tan divertido! Sin embargo, este fenómeno no sólo se produce en el suelo, donde puede causar algún que otro resbalón, también los sufren las cubiertas planas y su nombre es heladicidad.

La heladicidad  se produce cuando el agua acumulada en la cubierta plana (y que no se ha evacuado correctamente por la  propia geometría de la cubierta) se hiela durante el invierno. Este fenómeno es especialmente preocupante en las cubiertas resueltas con sistemas bituminosos autoprotegidos ya que puede generar dos importantes problemas:

  • Generación de residuos. El agua de rocío penetra entre los microporos de las gravillas y/o pizarrillas que protegen la lámina, y una vez que se hiela, provoca rupturas en el material que contribuyen a acelerar su deterioro y, además, generan problemas en los desagües.
  • Desprotección de la lámina bituminosa de la acción UV del sol. Sin la correcta protección los rayos solares pueden acelerar la degradación de la lámina.

¿Cómo podemos evitarlo?

Para evitarlo debemos emplear productos que resistan bien las inclemencias del tiempo y las heladas. Por ejemplo, en el catálogo de BMI encontramos productos (gravilla y pizarra) dotados con un acabado transparente en base a siloxanos,  que crean una capa semejante al goretex . Así se evita  en un alto porcentaje la penetración del agua.

Además, podemos aportar una mayor cantidad de gravilla de autoprotección, concentrando más la capa superior y evitando los microporos, así hay menos desprendimientos.

También podemos optar por la instalación de materiales cerámicos de última generación en lugar de pizarra natural, así evitaremos la aparición de residuos que puedan dañar la cubierta.

Firma Jesús Huerta

Dejar comentario