Radioactividad. Si preguntásemos cuál es la primera idea que viene a la cabeza unida a este término, seguro que entre las respuestas encontrábamos Chernobil, central nuclear, bomba atómica… Sin embargo, la radioactividad es un proceso natural que se da con un mayor o menor grado de intensidad en diferentes elementos de la naturaleza y que, aunque se ha logrado reproducir con éxito en un entorno controlado, estamos expuestos a ella en nuestro día a día.
El problema no radica, por lo tanto, en la radiación, sino en la concentración de la misma, ya que los elevados niveles son los que pueden provocar problemas de salud –muchos de ellos asociados al cáncer–. Y para ello no hace falta vivir cerca de una central nuclear.
Nuestras viviendas pueden acumular niveles peligrosos de radiación y en muchas ocasiones no somos conscientes de lo expuestos que estamos.

Esto ocurre con el famoso gas radón, un gas de origen natural, que carece de olor e insípido, que se produce a partir de la desintegración radiactiva natural del uranio presente de forma natural en suelos y rocas. El radón emana fácilmente del suelo y pasa al aire, donde se desintegra y emite partículas radiactivas.

Al aire libre las concentraciones de radón no son significativas para la salud –según la Organización Mundial de la Salud, la concentración media de radón al aire libre varía de 5 Bq/m3 a 15 Bq/m3–, pero dentro de los edificios los datos cambian y podemos estar hablando de concentraciones que van desde <10 Bq/m3 hasta más de 10 000 Bq/m3.

¿Todos los edificios presentan niveles elevados de gas radón?

La respuesta es NO. Su concentración depende de:

El área geográfica donde han sido construidos. Si es una zona con una alta concentración de este gas –fundamentalmente suelos graníticos, arenosos o gravas–. las vías que el radón encuentra para filtrarse en las viviendas; y la ventilación del edificio, que queda limitada por el tipo de construcción, los hábitos de ventilación de sus habitantes y la estanqueidad del edificio.

El Consejo de Seguridad Nuclear estima que en España tan sólo el 10% de los edificios presentarían concentraciones de radón por encima de los 300 Bq/m3, siendo las zonas más expuestas Galicia, Extremadura y Castilla y León orientales. Los expertos hablan 250.000 edificios afectados.

¿Qué consecuencias tiene para la salud?

Según la OMS, el radón es la segunda causa más importante de cáncer de pulmón después del tabaco. Así, la proporción de los casos de cáncer de pulmón causados por radón varía entre el 3 y el 14%. Además, el riesgo de cáncer de pulmón aumenta en un 16% con cada incremento de 100 Bq/m3 en la concentración media de radón, siendo más vulnerable la población fumadora.

¿Cómo puedo evitar que el gas radón entre en mi hogar?

Existen métodos eficaces para prevenir la exposición a este gas, que se aplican con éxito en construcciones tanto de Europa como de Norte América. Por ejemplo, la OMS en su Manual de la OMS sobre el radón en interiores: una perspectiva de salud pública, recomienda:

Mejorar la ventilación del forjado.
Instalar sistemas de extracción mecánica del radón en el sótano, el forjado o la solera (que suelen ser los lugares donde los niveles son más elevados).
Evitar o que el radón se filtre desde el sótano hasta las habitaciones, sellando el piso y las paredes.
Y mejorando la ventilación de la vivienda.

Además, los sistemas pasivos de mitigación pueden reducir los niveles de radón en interiores hasta en un 50%. Si se utiliza un sistema de ventilación de radón esos niveles pueden descender aún más.

Y si tienes dudas sobre si tu vivienda, lugar de trabajo, centro de salud o colegio está situado en una zona libre de radón, puedes solicitar esta información a la Administración correspondiente o pedir ayuda a la asociación Viven Sin Radón, que ofrece información detallada sobre este gas, su concentración en España y los riesgos que entraña para la salud.

 

 

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