La tecnología ha entrado en el sector de la construcción. Cada vez más, se tiende al uso de prefabricados y sistemas constructivos que requieren menos trabajo manual y mayor nivel de ejecución.  

Estos sistemas llevan décadas utilizándose en los países del norte de Europa. Su llegada a España está produciendo una mayor demanda de profesionales especializados al pasar de una construcción más artesanal a otra de tipo más industrial.

Según ‘Informe sobre el sector de la construcción 2018’, publicado por el Observatorio Industrial de la Construcción, hay signos de recuperación en el sector, aunque dicha recuperación es desigual y sigue estando por debajo de los niveles alcanzados antes de la crisis.

En 2018 se registraron un 24,7% más de visados de obra nueva residencial que el año anterior; de hecho, la evolución de empleo ha sido positiva durante los últimos tres años.  En este entorno de crecimiento, resulta paradójico, que un proyecto se paralice o retrase por no encontrar profesionales disponibles para ciertas tareas.

En un país con más de tres millones parados y la segunda tasa de desempleo juvenil más alta de la Unión Europea, su fuerza laboral envejece hasta niveles inimaginables hace una década.  Hoy uno de cada tres trabajadores del sector tienes más de 50 años. Los profesionales con menos de 30 años no superan el 9%. Nos encontramos, por tanto, ante un sector envejecido.

A esto se le suma, el nivel educativo de los mismos.  Según el Observatorio de la Construcción, el 52% de los trabajadores cuentan con un nivel educativo inferior o igual al de la primera etapa de educación secundaria. 

El desarrollo de la construcción va hacia modelos constructivos más industrializados y sostenibles.  Busca edificios más eficientes, en términos de aislamiento térmico y acústico, control de infiltraciones, climatización.  Construcciones que ayuden a generar confort y mejorar la calidad de vida de las personas que los habitan.  

Esto va directamente relacionado con productos de alta calidad, sistemas que nos ayuden a instalarlos de forma rápida, segura y eficiente y mano de obra cualificada que sea capaz de implementarlo.

Empresas como BMI, lleva años apostando por el desarrollo de sistemas de calidad, en línea con las nuevas tendencias del mercado.  Son conscientes de la problemática generacional en la que se encuentra y por ello apuestan firmemente por la formación continuada.  

Por su academia, la BMI Academy, pasan más de 200 profesionales al año.  BMI desarrolla y produce una amplia gama de soluciones posibles para la impermeabilización de cubiertas (bituminosas, sintéticas, líquidas, teja cerámica, teja de hormigón y tejas metálicas). A través de la BMI Academy ponen a disposición de los profesionales del sector, un amplio programa de formaciones teórico-prácticas  sobre sus diferentes tecnologías y sistemas tanto para cubierta plana como inclinada.  

Conscientes de la necesidad por la que pasa el sector y buscando vincular sus productos con los mejores profesionales; recientemente han lanzado un programa específico para certificar empresas de instalación de cubiertas, hablamos del BMI RoofPro.  

Son muchos los beneficios que este programa aporta a sus miembros, pero un pilar clave del mismo, es la formación continua, ilimitada, teórica, práctica, presencial y online.

En estos momentos en los que nos encontramos, confinados debido a la actual crisis sanitaria, es más importante que nunca seguir apostando por la formación.  Contamos con herramientas digitales suficientes que nos permiten seguir formándonos a distancia. Aprovechemos este periodo para salir fortalecidos y especializados.  El sector lo necesita.

BMI tiene claro que la formación continua, la normalización de los procesos de instalación y los controles de calidad durante la ejecución en obra garantizan la calidad de la instalación.

Los mejores productos por sí solos, no garantizan  un adecuado funcionamiento del edificio. Deben ser correctamente instalados.  Solo así, se puede llegar al ahorro económico que buscan las nuevas tendencias constructivas, consecuencia de la eficiencia energética buscada, su durabilidad, ausencia de patologías.

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