A finales del pasado año se aprobaba una modificación del Código Técnico de la Edificación (CTE), la ley que articula la forma de edificar o rehabilitar los edificios en nuestro país.

Además de las muy esperadas modificaciones de los Documentos Técnicos de Ahorro de Energía (DBHE) y de Seguridad (DBSE), por primera vez el CTE incluye una nueva exigencia reglamentaria de protección contra el gas radón en el Documento Básico de Salubridad (DB-HS)

El Gobierno lo deja bien claro: el objetivo de esta regulación es proteger a la población de los efectos perniciosos sobre la salud de la acumulación de radón en los edificios. Y es que, actualmente, aunque es reconocido el riesgo, no existe en España legislación sobre protección en edificios residenciales que limite la concentración de radón en base a un nivel de referencia.

¿Qué es el gas radón y cómo afecta a nuestra salud?

El gas radón es una de las grandes amenazas que podemos encontrar en nuestros hogares. Su “invisibilidad” (incoloro, insípido e inodoro) provoca que no nos percatemos de su presencia, pero el peligro está al acecho. El gas radón es radiactivo y culpable de un gran número de cánceres de pulmón (segunda causa por detrás del tabaco).

Según el Consejo de Seguridad Nuclear los edificios contienen radón en concentraciones habitualmente bajas. No obstante, existen zonas geográficas en las que, debido a su geología, es más probable encontrar edificios con niveles elevados.

¿Vivo en una zona afectada por el gas radón?

Para conocer el potencial peligro de exposición al gas radón de la comarca en la que vives, el Consejo de Seguridad Nuclear ha categorizado las zonas del territorio estatal en función de sus niveles de radón y ha identificado aquellas en las que un porcentaje significativo de los edificios residenciales presenta concentraciones superiores a 300 Bq/m3 (becquerelios por metro cúbico), que es el máximo permitido. Aunque para conocer la verdadera afectación de una vivienda hay que realizar una medición directa.

Galicia, León, Castilla La Mancha y todas las zonas limítrofes con Portugal son algunas de las zonas más afectadas y superan el límite permitido. Las zonas cercanas al Mediterráneo tienen una presencia casi nula de este peligroso gas.

¿Qué hacer si mi vivienda está en una zona afectada?

Algunas intervenciones son baratas y solo requieren reformas mínimas. Si los niveles no son muy altos basta con recurrir a una buena ventilación de la vivienda.

Pero lo usuarios deben también saber que el radón es un gas pesado que se acumula en las partes bajas de la vivienda. Las zonas subterráneas o semisubterráneas suelen ser las más afectadas. Para eliminarlo se recomiendan algunas medidas como la instalación entre el terreno y los cimientos del edificio de una capa de material aislante que impida que el radón emane hacia la vivienda. Otra opción es la instalación de artefactos de extracción de aire desde los cimientos a las paredes laterales, utilizar bombas de vacío, arquetas de succión, sellar cualquier tipo de fisuras o grietas e impermeabilizarlas.

Tras el uso de cualquiera de estos métodos se deberá hacer una nueva medición para demostrar que este peligro para nuestra salud ha abandonado nuestra vivienda.

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